El cabello que ves en la superficie de tu cabeza es la fibra del cabello que ya salió del folículo y está hecha de queratina muerta. No tiene células vivas que “reparen” lo dañado o roto.
Cuando la punta del cabello se abre, es porque la cutícula se levantó y el interior de ella se partió; es como cuando ves una cuerda que se deshilacha: puedes envolverla con cinta para que no se vea tan fea, pero la cuerda no vuelve a ser una sola hebra.
Es por eso que “reparar las puntas” suena a que el producto pega de nuevo las capas como si fuera piel viva.
Eso no ocurre, no se puede. Un ACEITE DE COCO o de ACEITE DE ARGÁN, una silicona o una crema pueden rellenar huecos a simple vista, bajar el frizz y hacer que la punta se sienta menos áspera, pero es un parche temporal. Cuando vuelvas a lavar o a peinar, parte de esa capa parche se va y la grieta sigue ahí.
Es como remendar una camisa con un parche de tela para que aguante un tiempo, pero de ese parche no nace tela nueva. La única forma de quitar de verdad la punta partida es cortarla.
Por eso en PURE CHEMISTRY® hablamos de proteger y de suavizar la fibra capilar (el ACEITE DE COCO y el ACEITE DE ARGÁN son los especiales), no de milagros de reparación, porque es que no se puede.